Ciudad de consumo

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Si has visto la película "Zombi" (1978) de George Romero, recordarás cómo los supervivientes de una epidemia zombi se refugian en una área de un centro comercial. Poco a poco, los protagonistas 'limpian' el recinto de muertos vivientes, que continúan tratando de entrar debido a "algún tipo de instinto, recuerdos de lo que solían hacer. Este era un lugar importante en su vida”, según explica uno de los protagonistas. Esta lucha por el territorio del centro comercial ha sido la razón por la que la película ha sido interpretada como una crítica a la sociedad de consumo. El director realiza un claro paralelismo entre los zombis y los humanos.

También el filósofo Jaime Cuenca, nuestro invitado en las Jornadas Zombis de Barakaldo, hizo esta comparación:

La sociedad de consumo nos lleva constantemente a construir nuestra identidad a través de productos. Existen todo tipo de opciones, excepto la de no consumir.

La idea del centro comercial como refugio no es nueva. Annette Baldauf, socióloga feminista especializada en desarrollo y cultura del consumo, lo explica extensamente en el artículo 'Shopping Town USA: Victor Gruen, the Cold War, and the Shopping Mall'.

Agregamos un fragmento traducido del texto:

Entre mediados de los 40 y 1957, durante la aparición de un mundo radicalmente bipolar, la moral colectiva de la nación americana que hasta entonces había sido una reafirmante celebración del final de la Segunda Guerra Mundial, se tornó en una ansiosa espera de guerra total. El miedo común a la Tercera Guerra Mundial se comparaba muchas veces con "una fiebre leve que la nación no se podía quitar de encima". En un contexto tan saturado de miedo, la "filosofía de la contención" servía tanto como un instrumento de reforzamiento del control, como una continua alimentación de este miedo colectivo. Los centros comerciales herméticamente cerrados otorgaban a esta filosofía un símbolo concreto que combinaba estas dos funciones: para los de dentro, es decir para los compradores, el centro indicaba seguridad, refugio y protección. Daba una sensación de significado y ancla afectiva al desarraigado residente del paisaje suburbano que crecía rápidamente. Para el exterior, para el rival de la Union Soviética y los simpatizantes comunistas, el centro comercial indicaba la superioridad del Capitalismo; se levantaba como prueba material de los principios de igualitarismo social y la libertad de elección del consumismo.

El centro comercial, con su iconografía de bunker, era una traducción espacial de la estrategia de "contención" de la política exterior, y es así como se establecieron los requisitos materiales para una forma de contención social y cultural mucho más sutil. Por ejemplo, el centro comercial apuntaló la contención de las mujeres, que después del retorno de los soldados varones de la Segunda Guerra Mundial, salieron del mercado de empleo para invertir su energía de trabajo en criar niños, las taréas domésticas y el consumo. También ofrecía a los residentes blancos de los suburbios una zona de seguridad supervisada que simulaba urbanidad al mismo tiempo que garantizaba la homogeneidad. Por esta constelación, la historia del centro comercial está inevitablemente ligada a la historia de las políticas racistas.

Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum



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