La Figura del Zombi a la deriva entre la vida y la muerte

Son muchas y distintas las metáforas que la figura del zombi recoge y esconde bajo el disfraz del automatismo, la sangre y la palidez de su rostro. Sin embargo, me gustaría hacer una otra lectura distinta a las ya realizadas pero que se complementa con el carácter abierto y tolerante tanto del proyecto “Quédense dentro y cierren las ventanas” como con la multi-textualidad (mezcolanza de textos y lecturas) que nos brinda, recordando a Umberto Eco, el arte contemporáneo.

En el zombi, la vida y la muerte se funden en una única cosa. Estos elementos han sido tratados como una dicotomía, en una sociedad donde el fracaso, la tristeza, la soledad, etc., no están permitidas. Se nos exige ser héroes si no queremos quedar aislados, de espaldas a los otros. El zombi como héroe trágico, podría servirnos como modelo “imperfecto-perfecto” de la significación que la vida adquiere después de conocer la muerte, el hondo fracaso, la angustia, la infinita y profunda tristeza.

Todos somos zombis y, sin embargo, rehusamos de serlo cerrando las puertas a la posibilidad de dejarnos morder por la ambivalencia y poder adquirir la consciencia de lo que somos. Apuesto por vivir la tragedia en la que el héroe, aburrido por su perfección, su éxito, su absoluta consciencia, ese personaje ideal, no tiene cabida. Vivamos el sentido del sinsentido, la inconsciencia de la conciencia, el movimiento del automatismo y la coimplicación de los contrarios, sin perdernos en el nihilismo.
¡Porque vivir significa morir un poquito cada día y morir a paso lento, vivir más intensamente!!.

P.d: Os recomiendo leer algo de Andrés Ortiz-Osés.



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