"Los zombis toman Barakaldo" por Unai Morán

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Sorpresa y admiración entre los adultos. Gestos de susto y preocupación, en cambio, en los niños. Los muertos revivieron ayer por la tarde en Barakaldo. Durante más de una hora se pasearon por varias calles de la ciudad en lo que fue la primera marcha zombi de Euskadi. Un original proyecto artístico y reivindicativo a la vez, ideado por Iratxe Jaio y el holandés Klaas van Gorkum, como protesta contra el consumismo de la sociedad actual y la despersonalización a la que, según ellos, aboca.

El espectáculo comenzó a las cuatro de la tarde en la casa de cultura Clara Campoamor. Allí estaban citados para su caracterización los aspirantes a interpretar el papel de muerto viviente. Se reunieron en total más de un centenar de personas. Para sorpresa de los promotores, que vieron superada con creces la convocatoria de su último proyecto similar, desarrollado hace un par de meses en Utrecht. Al encuentro acudieron zombis desde distintos rincones de Vizcaya e incluso otras localidades como Vitoria o Eibar. Niños, actores, algunos jubilados y sobre todo muchos, muchos adolescentes.

La aterradora función no había hecho más que comenzar. Cosméticos grasos, arcilla, gelatina y látex se unieron para dar forma al maquillaje. Moratones, cicatrices, quemaduras y sangre poblaron entonces los pálidos rostros de los participantes. La ropa, a golpe de arañazos y desgarros, sirvió de complemento. El momento de la verdad se acercaba y tocaba ensayar los movimientos. «No sé si encorvarme o andar de medio lado», pedía consejo Raúl Galán, atenazado por los típicos nervios de la primera vez.

Boquiabiertos
Una vez reanimados, los zombis iniciaron su recorrido en San Vicente, cruzaron el jardín botánico y llegaron al Megapark, donde se esforzaron por hacer entender su crítico mensaje a los consumidores. La mayoría no se dio por enterado. Boquiabiertos a lo sumo por lo que estaban presenciando, se tomaron la marcha como algo similar a una fiesta de disfraces. Pocos comprendieron el sentido reivindicativo del evento, aunque quienes sí lo hicieron respaldaron al unísono el mensaje y no dudaron en mostrar su apoyo a los participantes.

La peculiar protesta, al lúgubre son de la Marmara Jazz Band, continuó plácidamente por el barrio de Zuazo antes de acabar en su casa de cultura, por cuya puerta entraron decenas de zombis y salieron de nuevo personas normales. La aventura había finalizado y era momento de quitarse el maquillaje. Todo estaba previsto y con simples toallitas de bebé fue suficiente. Renacieron entonces, en vez de muertos, un sinfín sonrisas. En las caras de gente como David Pereiro, alumno de la escuela de teatro de Barakaldo. «Ha sido genial. La interpretación y el mensaje», proclamaba.

El artículo escrito por Unai Morán en El Correo. Leerlo entero aquí.

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